Reproche
Querida Lorena: Hace unos días me has reprochado que haya ignorado el cuaderno que me regalaste la pasada Navidad. Ese obsequio, me recordabas, tenía una intención: anotar mis pensamientos en sus páginas. Deseabas, además, que esos pensamientos fueran míos, originales, no de otros, como aquellos que de vez en cuando te cito. En esto, creo, esperas demasiado de tu padre. A esta altura de mi vida, si algo he aprendido, es que los pensamientos propios, originales, son muy escasos a lo largo de la larga historia de la humanidad y, por tanto, más si cabe en la vida de una persona. Sé que tus jóvenes ojos ansían lo nuevo, que tu mente despierta espera novedades, seguramente porque encuentran un aliciente en ello, todavía, cuando comienzas a enfrentarte al gran desafío vital de descubrir el mundo por ti misma, en la medida que esto es posible. En nuestros días lo nuevo adquiere per se una aureola que le confiere val...