Reproche
Querida Lorena:
Hace unos días me has reprochado que haya ignorado el cuaderno que me regalaste la pasada Navidad. Ese obsequio, me recordabas, tenía una intención: anotar mis pensamientos en sus páginas. Deseabas, además, que esos pensamientos fueran míos, originales, no de otros, como aquellos que de vez en cuando te cito. En esto, creo, esperas demasiado de tu padre. A esta altura de mi vida, si algo he aprendido, es que los pensamientos propios, originales, son muy escasos a lo largo de la larga historia de la humanidad y, por tanto, más si cabe en la vida de una persona.
Sé que tus jóvenes ojos ansían lo nuevo, que tu mente despierta espera novedades, seguramente porque encuentran un aliciente en ello, todavía, cuando comienzas a enfrentarte al gran desafío vital de descubrir el mundo por ti misma, en la medida que esto es posible. En nuestros días lo nuevo adquiere per se una aureola que le confiere valor a lo presentado como tal. Creo que hay que tener presente que al tiempo que aparece algo nuevo, también algo pasa a ser viejo, «nuevamente viejo». Quizá en el terreno de las cosas, en nuestros días, con técnicas tan perfeccionadas, lo nuevo aventaje a lo viejo de manera casi automática, pero fuera de las cosas, de los instrumentos, no me resulta claro que sea así.
No quisiera decepcionarte cuando apenas he escrito unas pocas palabras, pero creo que habrás de conformarte con aquellos pensamientos que son míos porque los he hecho míos. La realidad nos obliga a ser humildes y reconocerlo. Unas veces brotarán de un manantial conocido, otros procederán como la lluvia, que empapa la tierra sin que quede patente su huella en un mínimo arroyuelo.
El gran filósofo José Ortega y Gasset ─¡ya ves qué pronto abandono tus deseos!─ nos enseñó a diferenciar entre ideas y creencias y el gran poeta Antonio Machado, en su poema «Retrato» nos decía en uno de sus versos «A distinguir me paro las voces de los ecos», y como la vida es tarea que debemos realizar cada uno, en cada momento hay que elegir ─«y escucho solamente, entre las voces, una» prosigue el verso machadiano─ y pienso que siempre hay que elegir aquello de mayor valor, y que entre lo valioso la verdad es preponderante y por ello esforzarse en procurar la verdad es la tarea más importante de la vida y de todo los proyectos y actividades que la comprenden. Y no hay mayor luz que alumbre la verdad que la del amor, amor a la verdad, amor a las cosas por la verdad que encierran como utilidad, conocimiento o belleza, y sobre todo amor a las personas porque en ellas siempre hay una realidad que es nueva, ellas mismas, y en especial aquellas que aparecen en nuestra vida y con la que hacemos la nuestra.
Esta primera nota llega a su fin, como planteamiento, como premisa de lo que creo que puedo ofrecerte. No ha sido fácil, carezco de tu facilidad narrativa. No sé si lo habrás encontrado original, pero dadas tantas limitaciones que me adornan es lo que, con todo amor, puedo ofrecerte. Espero que hasta pronto.
Tu padre.

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